José Luis Guerín: “Mi única escuela es la filmoteca”

 

El cineasta catalán desmenuzó su visión del cine en una clase magistral previa a la concesión, mañana, del Premio Mirada Personal del Festival MiradasDoc

El cineasta catalán José Luis Guerín desmenuzó este viernes su visión sobre el cine en una clase magistral ante el numeroso público que acudió a la cita en la sala 1 del Auditorio de Guía de Isora. La actividad formó parte del programa del Festival Internacional de Cine Documental de Guía de Isora MiradasDoc, que se celebra hasta el 5 de noviembre en el municipio tinerfeño de Guía de Isora (Islas Canarias).

 

La clase magistral, en la que el director reveló que su única escuela “es la filmoteca”, se incluye en la apretada agenda de Guerín en Guía de Isora, donde MiradasDoc lo homenajeará con el Premio Mirada Personal, que en ediciones anteriores concedió, entre otros, a dos grandes maestros españoles del documental: Basilio Martín Patino y Joaquim Jordà. El premio le será entregado este sábado en el transcurso de la gala de clausura del festival, en la que también se conocerán las películas ganadoras de este año. Precisamente Guerín forma parte del jurado de las secciones de largometraje y cortometraje internacionales, y durante el certamen se ha programado la proyección de algunas de sus obras más significativas, en la muestra Punto de Vista.

 

La intervención de hoy sirvió para conocer los particulares puntos de vista del director sobre el cine, expuestos con sobriedad y maestría en una conferencia a la que siguieron las preguntas del público. Guerín dijo que su única escuela “es la filmoteca, y como es mía creo que es la mejor”. Recordó que su formación es autodidacta y fruto de la pasión por el cine, una pasión que arrastra desde la infancia, en la que sintió el “terror” y el “deseo” que le provocaba el séptimo arte.

 

“La primera película que vi me aterró –recordó el realizador catalán– y ese terror, que tiene que ver con los terrores nocturnos de los niños, se sana viendo otras películas”. En cuanto al deseo, relató lo complicado que resultaba en su infancia y en su adolescencia ver películas en un mundo en el que no existían ni Internet ni DVD ni vídeos VHS, lo que convertía la contemplación de una cinta “en un acto sacralizado frente a la pantalla”. “Nosotros soñábamos las películas a partir de las fotos que se exponían en los cines anunciando los estrenos; las inventábamos antes de verlas, y ahí ya había una fabulación con imágenes”, aseguró Guerín. Por el contrario, en la actualidad “la relación se ha invertido: a veces veo cosas que me mandan en DVD y son películas que yo previamente no deseaba ver”.

 

En cuanto al cine documental, el director de En construcción dijo que alaba el compromiso que transmiten las producciones con temática social, pero aseguró que “son películas que no me apetece ver” si en ellas no va a encontrar belleza cinematográfica, “aunque sea una belleza trágica o terrible”. En este sentido, añadió que “la sed de belleza es lo que me lleva desde niño al cine” y concluyó que no le interesa el documental cuando “parece que se conforma con que trate de buenas causas”, pero sí le atrae “en la medida en que tenga un compromiso con el cine”, entendido este como vehículo estético.

 

 

La mejor fórmula para aprender a dominar el arte cinematográfico es, según el realizador, “ver muchas veces las películas que amas; de esa forma te vas enterando de forma orgánica y natural cómo se hace cine”. Además, hay que generar “una relación litúrgica con los cineastas del pasado pero también con las vanguardias”. Sin embargo, la formación académica puede resultar prescindible si se tiene en cuenta que “los libros de cine son como libros de recetas”.

 

La elección de los maestros de cada cual es, en palabras de Guerín, “una operación personal y solitaria” que se desarrolla, en su caso, “en la oscuridad del cine”, algo que le permite relacionarse con el mundo “sin mediación social”. Ese amor por la soledad y la oscuridad es el que le lleva a “detestar” el teatro: “Es algo social, y la gente se pasa un mes diciendo que fue al teatro para amortizar esa experiencia cultural”. Por el contrario, “si te levantas de la sala de un cine y te marchas, no pasa nada”.

 

 

“Yo era el niño que miraba a Claudia Cardinale”

 

José Luis Guerín confesó durante la clase magistral que su mito femenino fue desde siempre la actriz italiana Claudia Cardinale. “Yo era el niño que miraba a Claudia Cardinale”, dijo, y después comprobó que “los tipos que mejor la retrataron fueron Valerio Zurlini y Luchino Visconti”. Pero en su relación particular con Cardinale, estos directores eran algo secundario. “Primero estaba ella, después esos directores que la retrataron, y después descubrí que esos directores hacían otras cosas aparte de trabajar con ella”. Ese afán por retratar la belleza femenina lo experimentó Guerín con sus primeras novias. Fue entonces cuando descubrió que una cámara fotográfica no le servía para este fin, pues “para mí la belleza tenía que ver con un ritmo interior que sólo veía en el cine”.

 

Por último, el realizador catalán se refirió a la combinación entre el “control hegemónico” del director sobre sus producciones y la “cesión de una parte de tu poder ante lo aleatorio”. “Yo siempre me he estado debatiendo en esta lucha”, dijo. Así, mientras en su primer trabajo, Los motivos de Berta, “lo cuidé todo al detalle”, en el documental En construcción “di un gran paso hacia el otro lado porque la realidad siempre es generosa y hay que estar ahí esperando, con la ética del pescador, porque gracias a eso recibes regalos”.