FOCUS IRAK

EL ESTUPOR IRAKÍ

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Lo que ha sucedido en el mundo contemporáneo desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos no tiene fácil explicación. Tampoco la tenían, en efecto, los acontecimientos que fácilmente una mente debilitada y ciertamente enferma por años de convivencia con la injustificable predación de Palestina podía convertir en deseos de venganza. Pero lo cierto es que las tropelías enrabietadas del gigante americano, encarnado durante algunos años en su presidente y los cúmulos de intereses oscuros que guiaron su presidencia —con el apoyo de otros mandatarios abducidos por las mentiras del primero— han provocado tal estupor en la conciencia de la ciudadanía occidental que ésta no ha sabido aún sacudirse la sorpresa y exigir respuestas fiables y responsabilidades necesarias a lo largo y ancho del proceso. A día de hoy, la crisis económica, que junto a la avaricia de los mercados, la fragilidad de las democracias y el candor de las izquierdas tiene una relación directa con aquellos atentados, colapsa aún más la necesidad de Occidente de responder ante la comunidad internacional por perversiones como Guantánamo.

En cualquier caso, probablemente no haya ninguna imagen más certera y oblicuamente perfecta para resumir la situación de franca decadencia de la moral en las democracias occidentales que lo ocurrido en el territorio que en afortunada paradoja alumbró, precisamente, el inicio de la historia y la cultura. Ninguna imagen más rotunda de las incongruencias del proceso que ver Irak condenado a la barbarie y a la guerra. En el lugar donde nació la escritura, en la patria de Gilgamesh y de Enkidu, del poeta Bassar Burd, en el lugar en el que surgió la civilización, nos es difícil ver, a día de hoy, a bárbaros rubicundos a lomos de vehículos de guerra patrullando las calles. No creo que haya ciudadano contemporáneo más perplejo que el irakí. Nadie que haya encarnado de un modo más rotundo en los últimos diez años el dolor de convertirse en víctima de la peligrosa arbitrariedad del poder enrabietado.

Los cuatro documentales seleccionados para la muestra sobre Irak en el documental para esta VI Edición de MiradasDoc aspiran a un doble movimiento de lectura en el mismo plano de la perplejidad. En primer lugar, los tres magníficos cortometrajes iraquíes que tan amablemente nos ha cedido Casa Árabe se han seleccionado con la idea de que el público del festival tome el pulso al verdadero carácter del estupor con el que vive la ciudadanía irakí desde la invasión occidental. Se trata de tres interesantísimas propuestas de observación, desde la intelectualidad, desde la vida doméstica y desde la ciudadanía. La selección de Iraki Short Films constituye en sí misma una vuelta de tuerca más que añadir al proceso de estupor que buscamos: la película de Mario Andrizzi pretende crear una copia, un remedo, de la perplejidad irakí en el ciudadano occidental. Se trata de un verdadero viaje al corazón de las tinieblas, en uno y otro bando. Una interrogación que trasciende lo político y lo histórico y que va directa a la diana de las debilidades y las deshonras del ser humano en su lucha íntima contra el mal que lo habita.

 

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