PARA MUESTRA UN BALÓN

Sucede en casi cualquier lugar del planeta, desde Nepal a Camerún, desde Brasil a Japón, desde Canadá a Nueva Zelanda. Y no hace falta que haya nada especial, basta con una explanada, con una plaza, con la arena de una playa. Territorios que aparecen por doquier y que se convierten rápidamente en escenarios propicios para el surgimiento de un ritual independiente de lenguas y religiones, de ideologías y clases, que a lo largo de los últimos cien años no ha hecho más que extenderse y extenderse como verdadera, certera e inmarcesible pasión global. Si a ese lugar, si a esa plaza o a esa playa o a ese terraplén cercano a las afueras del pueblo llega un niño (o un joven, o un adulto, aunque casi siempre es un niño) con un balón, pronto, a la imantación de ese sonido inimitable que hace la pelota sobre la tierra, irán llegando otros, más y más. Y entonces, ya se sabe lo que va a suceder, infinitas veces cada día: se jugará a fútbol, un partido alrededor del juguete más divertido: acontecimiento en el que se dirimen miles de veces a lo largo del planeta la estructura de la épica y la lírica de millones de comunidades. Del partido de la infancia surgen héroes y villanos, malos y buenos, personajes que luego aborrecemos o admiramos a lo largo de la vida, y es esta dimensión doméstica y sincera, pero repleta de sueños y logros, la que construye para la cuidadanía de la aldea global una nueva “forma mítica” que tiene en las estrellas mundiales el mismo correlato que tuvieron en tiempos de Grecia las hazañas de Teseo o Heracles.

Para bien y para mal, el fútbol se ha convertido en lo que hoy es, una realidad compleja y apasionante, que sólo en un porcentaje muy pequeño pertenece a las grandes marcas, las grandes ligas y los grandes equipos. Por más que como fenómeno de masas que es, el fútbol haya sido en ocasiones amigo de los tiranos o utilizado por ellos, no es menos cierto que su universalidad y difusión lo han convertido en un lenguaje universal apto para la comprensión entre los pueblos y para la vivencia positiva de lo competitivo. Entre el espectáculo inteligente y la violencia chusca, entre el opio del pueblo y el teatro de los sueños, entre la ideología de lo común y la inconsciencia colectiva, entre la masa alienada y la ciudadanía entregada, entre el forofismo embrutecedor y el noble desear, entre la admiración y la condena, el fútbol se construye a sí mismo, cada día, en las canchas del barrio y en el terreno casi salvaje, entre la orilla del mar y el altiplano, en los estadios europeos y en los solares africanos, con la mirada puesta en los millones de partidos anónimos que lo hacen posible.
A esta dimensión social y cultural del fútbol, en todos sus sentidos y en todas sus vocaciones, en lo malo y en lo bueno, en lo crítico y lo admirativo, decidió dedicar el año pasado MiradasDoc una primera muestra informativa. Dado el éxito que tuvo, este año hemos decidido repetir, con nuevos títulos y nuevas propuestas que recogen, sin duda, los elementos necesarios para la reconstrucción de ese partido global que los balones juegan cada día en el mundo. ¡Qué ruede la pelota! ¡El partido va a comenzar!

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