Alejandro Krawietz

Fiesta de nombres

Fiesta de nombres

Asier, Franciscu, Khadija, Silverio, Jaime, Istram, Madgi, Tino, Regina, Mahoma, Benito, Teresa, Raymond, Almaz… 

Los nombres son importantes.

Son lo más importante.

Por fuera de los nombres hay una enorme cantidad de mundo, de tópicos y de dignidades, de cargos, de responsabilidades, de afectos y defectos, de puestos y categorías y razones. El señor tal, o la señora cual, los dos altos dignatarios o pobres de solemnidad, no importa, cuando reciben de la boca de otro su nombre, y ese nombre se aísla de apellidos, acreditaciones, rangos o títulos, dejan de ser todo aquello que eran y pasan a convertirse, por la vía de esa palabra desnuda de todo aditamento, exactamente en aquello que son. Por eso en la puerta de tantos despachos están el señor González o la señora Wallace, el doctor Paftén o la abogada Pereira, el director Matejcic o la profesora Monzani, pero no Berto, o Clara, Úrsula o Kristof, Mario o Ashley. A Berto, por ejemplo, lo llamó así siempre su madre y él aguardaba que resonara ese nombre por las calles del pueblo llamando a la merienda, y así lo llamaban sus amigos cuando reían el chiste o fallaba ante la portería, y así lo llamó su novia cierta noche y así lo llaman hoy sus nietos. En presencia de su nombre, el hombre o la mujer que lo llevan, están cerca de las cosas, pegados a la vida, demasiado centrados como para que no haya extravío. Los nombres llevan el aroma de las memorias y la esencia de lo memorable: unidos a nuestro nombre, a aquella forma verbal que nos representa y reúne, que nos representa y nos hace presentes, vamos nosotros como una esencia. Somos lo que somos por lo que hacemos, pero eso que hacemos se hace visible gracias a que nos llaman, a que se pronuncia nuestro nombre. Cuando alguien aprende tu nombre, acepta tu existencia, cuando alguien lo pronuncia, te la otorga: te hace real.

Por eso los nombres son importantes.

Desde el comienzo, hace ya nueve años, MiradasDoc no ha querido ser otra cosa que un festival de nombres. Es decir, un festival que logre cada año que algunos nombres sean pronunciados, aprendidos y recordados. Nombres que merezca la pena pronunciar, aprender y recordar, para siempre. Ahora, en el comienzo, quizá el listado que aparece al inicio de estas palabras no sea otra cosa que una enumeración. Algo casi imposible: nombres anónimos. Pero ahí están los nombres de muchos de los protagonistas de las películas de este año. Nuestro deseo es que, cuando todo termine una vez más, cuando se cierre por última vez en esta ediciónel telón que cubre la pantalla, cada una de las entradas de esa lista se haya convertido en nombres, es decir, en memoria, en vida pegada a las cosas, a las materias, a los cuerpos y al misterio de ser. Ahora, en el comienzo, no sabemos si Joanna logrará explicar a su hijo lo que ocurre en su cuerpo, si Carmita aprenderá alguna vez a convivir con la vejez, si Henry hallará el amor que busca en el ocaso de su vida, si Memín logrará el campeonato mundial, si Regina conquistará su derecho a la juventud o si Joan alcanzará a jugar a baloncesto. Pero la huella que esos nombres hayan de dejar en nosotros, la forma en que se transformarán en parte de lo que somos, sólo la podremos desvelar acudiendo a la cita que esos nombres nos proponen con su historia, con aquello que vieron, con aquello que fueron capaces de hacer. Y esa cita, el relato de esa historia de los nombres, está hecha de esa materia alada que es el cine documental. El lugar en el que la realidad y los nombres van de la mano.

Bienvenidos a esta fiesta de nombres. Bienvenidos a la IX Edición de MiradasDoc.

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