Domingo J. González (Digital 104)

El hotel de las soledades compartidas

El hotel de las soledades compartidas

Hotel Nueva Isla

Irene Gutiérrez / 74′ / 2014 / España

Concurso Canarias

La competición canaria de MiradasDoc celebró el martes 4 su gran día. Era el cuarto día de festival y en paralelo a la primera jornada del Market, la Sala 1 del Auditorio se llenó de propuestas de todo tipo firmadas por documentalistas del Archipiélago o, al menos, producidas por profesionales de aquí. Este último fue el caso de Hotel Nueva Isla, la película que a priori por trayectoria previa -su distribución comenzó nada menos que en el Festival de Cine de Rotterdam- y por enjundia formal, podía desempeñar el papel de favorita en la sección. Ahí estaba yo, dispuesto a ver una ópera prima, dirigida por la española Irene Gutiérrez -coordinadora de la cátedra de documental de la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños- rodada en Cuba y producida por los tinerfeños de El Viaje Films.

El inmueble al que hace referencia el título es un antiguo hotel ubicado en el barrio de Jesús María en La Habana. En el pasado fue un lujoso establecimiento turístico. Hoy es una ruina que sirve de refugio para personas que no tienen casa. Jorge es una de esas personas, un anciano que apenas cuenta con la compañía de su inseparable perro. En su día a día, Jorge se empeña en excavar en las ruinas del edificio. Busca ALGO que no sabemos. Quizás ni él mismo lo sepa.

Un viejo hotel de pasado glorioso hoy convertido en poco más que escombros. Un personaje protagonista que parece aferrarse al pasado y resistirse al cambio. Fuera de campo, la ciudad y más allá, en un fuera de campo internacional, el resto del planeta. Es inevitable ver la película como una metáfora de la situación política en Cuba. Cierto es que siempre es inevitable leer -y casi que escribir- cualquier historia que suceda en la isla caribeña con ojos políticos. Pasó incluso con aquella orgía zombi del 2010 que era Juan de los muertos, por no hablar, claro, de las comedias de Juan Carlos Tabío (Guantanamera, Lista de espera). Durante la proyección, sin embargo, yo me intento resistir a la tentación. No sé muy bien por qué. Quizás simplemente intento averiguar si además de esa lectura, que en cualquier caso tampoco es nada evidente, la película puede ofrecerme otras cosas. Quiero verla como una historia de personajes y si mi cabeza la lee como una metáfora quiero que sea universal, el final de la resistencia de una forma de vida quizás. Pero es difícil. Jorge es un antihéroe, no nos engañemos. Aunque en el papel nos lo podríamos imaginar como una suerte de quijote cubano, su pasividad vital e incluso su empeño enfermizo en excavar/destruir ese viejo hotel que lo acoge y con el que parece mimetizarse, nos dicen otra cosa. Casi entendemos que cuando Jorge muera el hotel se derrumbará o viceversa, que están destinados a desaparecer juntos. Los dos, hombre y espacio, van degenerándose juntos, colaborando el uno en la decadencia del otro. Más que como un superviviente que resiste los embates del tiempo, se nos aparece como un anciano que ha bajado los brazos, que se opone al cambio, seguramente incapaz de empezar de nuevo en otro sitio.

Hotel Nueva Isla es una historia de soledades compartidas. En el edificio abandonado viven también una mujer y su hija y otro hombre más joven. Con ellos, Jorge cruza alguna que otra frase y comparte algún que otro momento. Pero su contacto es esporádico, parece siempre superficial, como si no se quisiera ahondar demasiado en la vida del otro o traer al presente pasados que hay que olvidar. Son esenciales, sin embargo, los unos para los otros y nos quedará claro al final, en el estupendo plano que cierra la película. Encontrarse es una manera de sobrellevar la vida como parece serlo también la relación que tiene Jorge con esa mujer que viene a visitarlo de vez en cuando y con la que comparte cama, baile y, de nuevo, soledad. Hasta los textos que escribe en las paredes de su habitación y que nunca acertamos a leer parecen, más que un exorcismo, una manera de sentirse acompañado, de rodearse de algo.

Hotel Nueva Isla gravita entre el documental y la ficción. Es una historia que aborda vidas reales con sus protagonistas reales en su espacio real. Pero se intuye gran parte de recreación e incluso elementos de ficción. Es una película, eso sí, de una belleza formal indiscutible. A veces, excesiva. La exquisitez de cada uno de sus encuadres a menudo nos distancia demasiado de los personajes y además por momentos acaba glorificando la ruina, en lugar de insinuar la nostalgia por el pasado perdido. Hay casi una contradicción entre parte de lo que cuenta y cómo lo intenta contar.

Es una película minimalista, a veces radical en su planteamiento, y creo que ése sí es uno de sus aciertos. Su pausadísimo ritmo, sus planos largos y ese discurrir del día a día en el que parece que no pasa nada, convierten en deslumbrantes algunos destellos de verdad que en otras circunstancias podrían pasar desapercibidos. Es el caso de esas escenas en las que el perro, compañero inseparable de Jorge, lo pierde y lo reencuentra. Su imagen en primer término descansando tranquilo mientras al fondo, desenfocado, su compañero continúa con su labor cotidiana es uno de los grandes momentos del film, lleno de expresividad y de sorprendente ‘humanidad’. Y momentos como ése hacen que la balanza acabe decantándose a favor de una película que podía haber sido mucho más de lo que es, pero que en el fondo es mucho más de lo que parece.

Escrito el

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>