Benjamín Reyes

El hombre congelado

El hombre congelado

Carolina Campo Lugo, 83′, Uruguay, 2014

Concurso Internacional Ópera Prima

Una de las cantinelas que el público estándar aduce a títulos como “El sabor de las cerezas” (1997), de Abbas Kiarostami o “El rayo verde” (1987) de Eric Rohmer es que son lentas. A este público hay que replicarle diciéndole que las películas no son lentas ni son rápidas sino que tienen el tempo adecuado para la historia que cuentan.

El propósito de “El hombre congelado” es mostrar de forma parsimoniosa la vida cotidiana en  una embarcación que transporta provisiones a una base científica en la Antártida, a la par que detener su mirada en la belleza de este paraje inhóspito de la faz de la Tierra. La directora uruguaya Carolina Campo Lugo ofrece un magnético documental que se nutre del espacio en el que está rodado, recordando en sus últimos veinte minutos a los paisajes pintados por el creador plástico Ildefonso Aguilar. Evidentemente, este tipo de propuesta requiere de un tipo de espectador que guste de reposar la mirada, del ilapso, del éxtasis contemplativo.

Un trabajador barre la cubierta del barco durante tres minutos, a renglón seguido contemplaremos el oleaje del mar durante un plano de 120 segundos. La siguiente escena, que muestra a varios obreros en una sala de máquinas, se prolonga durante cinco minutos, que dará paso a 100 segundos de una estampa lunar secundada por música ascética. Secuencias ordinarias se alternan con poéticas imágenes ofreciendo una dualidad entre el minimalismo del trabajo y la grandeza de la naturaleza. La minuciosidad de detalles enriquecen el conjunto: dos aves que se posan en la cubierta, hermosas y estéticas imágenes de témpanos de hielo o montañas nevadas…

Sus imágenes hablan por sí solas (gracias una exquisita y pulcra fotografía) y por eso se impone la ausencia de diálogos, capturando momentos de inusitada belleza de uno de los parajes más inaccesibles del planeta. Solo escucharemos sonido ambiente: el oleaje del mar, el graznido de un ave, el ulular del viento o el motor de una zodiac.

Sorprende que el “El hombre congelado” sea el primer largometraje de Carolina Campo, que ha producido con su propia compañía Lobo Hombre, porque revela una inesperada madurez. No en balde ha sido seleccionado en Visions du Réel (Suiza), uno de los principales referentes del circuito de festivales de documentales a escala mundial.

Cabe reseñar que Uruguay es un país que produce siete u ocho largometrajes de ficción al año y son muy pocos los que llegan a España. En la última década hemos podido ver títulos como “En la puta vida” (2001), de Beatriz Flores; “La espera” (2002), de Aldo Garay; “25 Watts” (2001) y “Whisky” (2004), ambos de Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll; “La perrera” (2006), de Manolo Nieto; “La cáscara” (2007), de Carlos Ameglio; “Mal día para pescar” (2008), de Álvaro Brechner o “Gigante” (2009), de Adrián Biniez. Los documentales uruguayos son más extraordinarios aún si cabe con lo que “El hombre congelado” adquiere un inhabitual interés.

La producción audiovisual uruguaya está viviendo un momento de florecimiento como lo demuestra que el ganador de “pitching” del MiradasDoc fuera la uruguaya “Romeos y Julietas” y que este año participe en el mercado del festival otra producción de este país de la mano de Stefano Tononi, que presentó “El mundo de Carolina”, quien nos comentó que algunos filmes uruguayos que están por llegar son: “El lugar del hijo” (2013), de Manolo Nieto; “Anina” (2013), una cinta de animación dirigida por Alfredo Soderguit; “Mr. Kaplan” (2014), de Álvaro Brechner; “Los enemigos del dolor” (2014), de Arauco Hernández o “La noche sin luna” (2014), de Germán Tejeira.

Visionando “El hombre congelado” recordé una pequeña anécdota personal. En una ocasión me sorprendió la lluvia caminando cerca de un parque y me guarecí debajo de un árbol. Durante una hora me dediqué a contemplar como caían las gotas del agua de las hojas del árbol.A pocos metros circulaban automóviles a velocidad de vértigo. Si usted prefiere detener su mirada en lo primero que en lo segundo, esta es su película.

A su paso por el festival, la propia autora argumentó que su ópera prima es una película “difícil de explicar”. “Es más una película de experiencia, es decir, no una película que explica cosas, sino que la idea es que el espectador pueda transportarse y dejarse llevar”, apostilló.

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