Benjamín Reyes

CARMITA – LA REINA

CARMITA – LA REINA

CARMITA

Laura Amelia Guzmán e Israel Cárdenas / 75′ / MEX / 2014

LA REINA

Manuel Abramovich / 19′ / ARG / 2014

En el sexto día de festival se proyectó el filme mexicano “Carmita” (que se volverá a proyectar en la jornada de clausura), uno de los doce títulos que aspira a alzarse con el premio del Concurso Internacional de Largometrajes, dotado con 4.000 euros.

La referencia a “El crepúsculo de los dioses” (1950), de Billy Wilder, es inevitable a la hora de escribir sobre “Carmita”, una película que rescata la memoria de Carmita Ignarra Güel, otrora diva de la radio cubana en la década de los 40, en la que dio voz a un sinfín de radionovelas; participó en  un  puñado de montajes escénicos y programas de televisión, además de iniciar una incipiente carrera cinematográfica, contabilizando seis títulos entre 1948 y 1960 (“Cecilia Valdés”, “El monstruo en la sombra” o “Trío de damas”).

En la primera secuencia observamos como Laura Amelia Guzmán toca en la puerta de la vetusta mansión en la que vive Carmita, en Cienfuegos (Cuba). Desde que abre la puerta entramos en el mundo de una octogenaria achacosa que vive de los recuerdos de una carrera artística que no llegó a desarrollarse en su plenitud. En un principio culpabiliza a su exmarido millonario, que llegó a producir los éxitos comerciales de Cantinflas, para desvelar al final la verdadera razón. Significativa al respecto es la frase que enuncia la propia Carmita en un momento dado del metraje: “Le tengo más miedo a la vida que a la muerte”.

En la morada de Carmita el tiempo parece haberse detenido. Un espacio anacrónico del que solo contemplamos planos detalles de parte de la casa: una escalera, unas sillas, unas copas, una figura decorativa… Nunca veremos el interior de la vivienda en su totalidad. Es una forma visual de decirnos que Carmita esconde un arcano inconfesable. Asimismo, concita la atención la forma escogida por los artífices del filme, que consiguen una gran complicidad con la biografiada, para introducir la documentación de su trayectoria como si la encontraran de forma casual.

Uno de los ejes gravitatorios sobre los que báscula la película es la belleza marchita. “No hay viejas guapas, las viejas somos pellejo”, espeta la protagonista al principio del documental. Altamente elocuente es la secuencia del espejo en la que verbaliza un soliloquio sobre su atractivo físico perdido, que podemos contrastar con su imagen juvenil que proyecta un lienzo que cuelga de la pared de una de las dependencias de su casa. Igualmente sintomático es el hecho de que haya tachado instantáneas suyas que reflejaban su lozanía y escrito sobre ellas “fea foto”.

A pesar de su temperamento y su explícita forma de hablar, esta excéntrica artista retirada se aleja de la grosería y vulgaridad del personaje materno que retrata Paco León en el reciente díptico “Carmina y revienta” (2012) y “Carmina y amén” (2014).

Existe otro documental del 2013 sobre la figura de Carmita Ignarra Güel que se puede visionar en Youtube, en que se puede apreciar la diferencia entre un trabajo profesional y uno amateur, así como que partiendo de la misma materia prima se llegan a lugares muy diferentes. El susodicho documental, grabado por Salomé Juvera y que al parecer carece de título, se limita a homenajear su figura a través de una larga entrevista de busto parlante, sazonada de algunas imágenes de archivo y una total y absoluta ausencia de lenguaje audiovisual.

Una de las buenas costumbres del certamen es exhibir un cortometraje antes del largometraje. En esta ocasión el título seleccionado fue “La reina”, un excelente trabajo argentino que refleja, a través de una crítica sutil, la instrumentalización de la infancia que se ejerce en los concurso de belleza infantiles. “La reina” está emparentado con el largometraje panameño “Reinas”, que compitió el año pasado en el Concurso Internacional y formó parte de la sección EnseñanDoc. La novedad en “La reina” estriba en que se centra en el rostro y los ojos progresivamente aterrados de la niña protagonista, que se ve apresada en un “juego” adulto.

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