Chile después de la batalla

En el año 2006, MiradasDoc (que entonces aún se llamaba Docusur) realizó su primer homenaje de autor a la figura de Patricio Guzmán. Con esa acción, que estuvo acompañada de la proyección de la filmografía completa del director de La batalla de Chile, el jovencísimo festival intentó un doble movimiento: de un lado reconocer a una de las figuras tutelares del cine latinoamericano, de otro, aprovechar ese padrinazgo inicial para situarse en el territorio del documental de la mano de uno de sus maestros. 

Al mismo tiempo, la implicación con la mirada de Guzmán delataba una intención muy definida a la hora de leer la realidad de una determinada manera: enfrentada con el liberalismo rampante, sí, pero indisolublemente ligada a una formulación de la sociedad y la historia caracterizada, precisamente, por su derrota ante ese liberalismo. 

Son muchas las lecciones que a lo largo de los últimos nueve años hemos recibido de parte del cine y de los documentalistas, mucho lo que este festival ha aprendido acerca de los modos en que mirar, saber y ser se vuelven tareas solidarias. Entre los tópicos de los que nos servimos en el comienzo a la hora de programar MiradasDoc, uno de los que más rápidamente fueron atajados por el diario enfrentamiento con el cine documental fue, sin duda, el de la estrecha vía que consideraba el cine africano o el cine latinoamericano como un todo, sin atender a las variaciones que entre lo uno y lo diverso pueblan el infinito e inabarcable territorio cultural de esos continentes. 

Ofrecimos un homenaje merecidísimo a Patricio Guzmán sin tomar en cuenta que antes que latinoamericano su cine era profundamente chileno, es más, que anidaba, y vivía y narraba a partir de un terrible acontecimiento histórico chileno, y que aquella batalla que había puesto nombre a su ópera prima (ópera prima que es y ha sido siempre un clásico del cine de todos los tiempos), no era otra cosa que un pugna contra la amnesia en la que el poder chileno pretendía sumir a sus ciudadanos. Que aquella intención se convirtiera en una historia capaz de trascender los límites nacionales es mérito que conviene atribuir a Guzmán y al propio cine.

En cualquier caso, pronto nos dimos cuenta de que Patricio Guzmán había alcanzado en su país un trabajada, dura pero también hermosísima victoria. El cine documental que se hace en Chile hoy no sólo no desmerece de su maestro principal, sino que en gran medida, y como no podía ser de otra manera, lo supera: no se construye por camuflaje, sino por asimilación, y de ahí que haya una solidez narrativa, una experimentación en los lenguajes y una metamorfosis temática brillantes en el cine chileno después de la batalla. Las películas que hoy proponemos como menudo ejemplo de la riqueza expresiva del cine de realidad en Chile permiten establecer esas nuevas fronteras del cine chileno actual, uno de los más sólidos de Latinoamérica. Y esperamos que esta selección así lo demuestre.

Documentales

LA QUEMADURA

René Ballesteros / 65´ / 2009 / Chile, Francia / DVCAM

LA VIEJA ESTÁ EN LA CUEVA

Verónica Qüense / 14′ / 2011 / Chile / DV Cam

ALICIA EN EL PAÍS

Esteban Larraín / 86´ / 2008 / Chile / 35mm.