TRANSFORMACIONES

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TRANSFORMACIONES
Shelter: Farewell to Eden / Enrico Masi (81′)
MANUEL E. DÍAZ NODA

Para Enrico Masi no tuvo que ser fácil el rodaje de Shelter: Farewell to Eden. Una protagonista que prefiere mantener su rostro oculto en todo momento limita la libertad del realizador, pero, al mismo tiempo, este elemento aporta a la película uno de sus rasgos distintivos. Pepsi es un ser en continua transformación. Ese nombre, claramente ficticio, implica también un cambio de identidad, incluso asegura que ha adoptado otros seis nombres en el pasado y que hay uno más que no ha utilizado. Conocemos también su rol sexual. Como persona transgénero, su transformación física determinó su conversión de individuo integrado en la sociedad a emigrante ilegal y, por lo tanto, clandestino e inexistente dentro de los parámetros de la vida cotidiana. A lo largo de la cinta, Pepsi (y otros inmigrantes silenciosos) deambula por las calles o la naturaleza como espectros invisibles para el mundo de los vivos. Sus casetas se acumulan bajo los puentes, en las riberas de los ríos, en los bosques, pero no son reconocidos, salvo quizás por las fuerzas del orden que vienen a expulsarlos. El espacio, aunque en determinados momentos es identificado como Italia, Francia o Inglaterra, discurre por la pantalla también de manera indefinida, como si no se tratara de un espacio geográfico, sino metafísico, también en proceso de transformación, de construcción de su propia identidad. Con su rostro oculto o fuera de plano, Pepsi puede ser cualquiera de esos inmigrantes que busca cobijo (shelter) en nuestras calles, en nuestras ciudades, en esta Europa hipócrita y egoísta que da la espalda a estas personas de la misma manera que nuestra protagonista nos da la espalda a nosotros (¿o es al revés y verdaderamente somos nosotros los que ocultamos nuestros rostros?). Shelter: Farewell to Eden transforma también su imagen por sus (forzosos) cambios de formato. La película ha sido rodada con todo tipo de dispositivos, algunos elegidos por estética y otros determinados por la propia realidad de la protagonista, que graba con su teléfono móvil sus experiencias. El juego con el formato, aunque genera por momentos un efecto amateur en la imagen, prolonga ese componente fantasmal de la película. Sólo un elemento rompe con todo esto, y es la voz protagónica. Mientras la acompañamos por su deambular sin rumbo preestablecido, su voz nos aporta los datos que necesitamos para afianzar esta historia en nuestra dimensión. También es cierto que, salvo en algunas escenas donde la vemos hablar por teléfono, al no mostrar su rostro en pantalla, podríamos dudar también de que sea ella quien habla o de que las palabras se hayan incorporado en postproducción a cargo de otra persona. Más transformaciones, más fantasmagorías. La cinta denuncia también asuntos concretos. La persecución por su identidad sexual y su religión que provoca la huida de la protagonista de su país natal; el desamparo de aquellas personas que por fuerza mayor han tenido que abandonar sus casas y emprender un éxodo hacia Europa; los abusos (económicos, sexuales) a los que se ven sometidos en su camino a la salvación; la pasividad de Europa ante esta situación, cuando no directamente el bloqueo de cualquier tipo de ayuda. Su condición de inmigrantes ilegales va más allá de una etiqueta administrativa y les despoja de cualquier identidad. Pese a todo, pese a no estar reconocida en el espacio en el que habita y como medida para reclamar su existencia, Pepsi salva estas barreras y se convierte en una defensora de los Derechos Humanos, una activista que desea romper esta situación y salir del limbo en el que han quedado atrapados ella y los que la rodean.

 



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