SILVIA NAVARRO: «ESTA PELÍCULA NOS HA DOLIDO»

SILVIA NAVARRO: «ESTA PELÍCULA NOS HA DOLIDO»

REDACCIÓN MIRADASDOC

La frontera entre arqueología y obra artística se rompe en este ensayo fílmico. Reconstruir el pasado mediante la imagen y la recopilación de testimonios, encauzar una temática de interés antropológico usando una narrativa de marcado acento esteticista, incluso poético, propicia que esta obra despierte intereses en áreas diversas. Premiada por unanimidad del jurado con el Premio Ciudad de Lisboa al mejor largometraje en el Festival Internacional de Cine Indie Lisboa, esta producción de Miguel G. Morales y Silvia Navarro Martín posee un diseño sonoro de Juan Carlos Blancas que funciona como atmósfera. La capacidad de despertar múltiples inquietudes temáticas es uno de los aspectos que fundamenta la magnitud de una pieza artísticas posmoderna. En De los nombres de las cabras este enfoque poliédrico tiene lugar. Como si de la visión de un insecto se tratara, nuestros documentalistas despliegan diversas perspectivas sobre un tema. En este caso, la presencia aborigen que pobló el archipiélago desde tiempos todavía incógnitos y procedentes de enclaves también velados por el paso de los siglos. Estos isleños primordiales suponen un enigma que plantea espacios grises en cuanto a jerarquías, ritos y costumbres. Un ejemplo claro: desde Guía de Isora vemos la isla de La Gomera, a veces parece flotar sobre una nube de spray marino y calima, otras veces su nitidez es sorprendente. Con la suficiente paciencia, después de un ejercicio de observación y reflexión, emerge la pregunta: ¿por qué los primeros pobladores de Tenerife no navegaron hacia La Gomera? ¿Qué sucedió en esas aguas azules para que las tribus de las siete islas, hasta donde sabemos, no las cruzaran? Que un equipo de documentalistas actuales deposite su óptica sobre estos enigmas históricos es vital para la correcta comprensión de las tradiciones, los hábitos y las inquietudes de las personas que aquí vivieron antes que nosotros, pero también es un espacio que, al haber sufrido el maltrato de sesgos ideológicos de acento turístico y folcloristas, provoca rechazo, en especial entre jóvenes artistas que ansían ver y ser vistos más allá de la cárcel de agua y tradiciones banales. Elaborado mediante archivo fílmico, sonoro y fotográfico que data de 1920 a 1970 surgido del registro del arqueólogo Luis Diego Cuscoy (1907-1987), De los nombres de las cabras pertenece a la categoría de documental experimental. Desde el marco de un municipio cuyas visiones extremas son una isla y un volcán, charlamos con Miguel G. Morales y Silvia Navarro Martín pocas horas antes de la primera proyección oficial en Canarias.

Este documental contiene múltiples perspectivas tanto técnicas como temáticas, se abre a despertar intereses en la antropología, la historia, la estética audiovisual. Funciona a la vez como pieza de museo y como documento historiográfico: ¿cómo gestionaron estas capas para construir la película?

Silvia: recabar en archivos y resignificar imágenes que tienen todas esas capas: políticas, poéticas, antropológicas… da muchas posibilidades. El archivo es un material sumamente interesante para provocar estas múltiples interpretaciones.

Miguel: de hecho, la película empieza en la primera selección que hicimos, Silvia y yo, de ese fondo archivístico. Ahí comienza a montarse a través de imágenes que nos enganchan, que directamente nos sugieren. Algunas eran imprescindibles para el relato que queríamos montar, pero hay imágenes cuyo misterio nos interesó mostrar sin saber exactamente por qué. Esa fue una de las motivaciones de búsqueda, dejarse llevar y que el significado de esas imágenes aflorara en el montaje. Jugamos mucho a eso y siempre intentando hallar capas interpretativas.

Silvia: este trabajo ha consistido en disciplinar la imagen preguntándonos sobre ella: ¿por qué nos seduce esta imagen? ¿por qué la hemos elegido? Analizar sus niveles políticos, poéticos y discursivos fue un trabajo de largas conversaciones y muchas horas de visionado hasta obtener un relato.

Miguel: la alquimia se consigue a través de la unión de sonidos, filmaciones ideológicamente manipuladas, registros anónimos, fondos filmográficos, etc. Parecía que esas imágenes nos esperaban para que llegaramos a ellas.

Silvia: si, en realidad es un trabajo de crear diálogos. Muchas veces nos han preguntado sobre la cantidad de trabajo que condensa el documental. Creo que la película tiene tanta información porque su creación requirió sentarnos en filmotecas, analizar registros de arqueólogos, etnográficos… Es decir: crear capas. De alguna manera esta película se abre a múltiples interpretaciones por ese motivo.

Miguel: también puede funcionar como pantalla sobre la que cada cual proyecta su ideología, su memoria… sus intereses. Eso es fundamental. Desde el principio quisimos que el espectador tejiera después del visionado.

Silvia: claro, queríamos una película que abriera espacio de reflexión y pensamiento. No regurgitar conocimientos.

Hace unos días tuvimos la oportunidad de ver en una de las sesiones del festival A Story From Africa de Billy Woodberry, donde también tiene lugar esa estrategia de rescate. Esta tendencia se practica con frecuencia en el cine documental contemporáneo. ¿Vuestro acceso al archivo de Diego Cuscoy es anterior o posterior a la planificación de De los nombres de las cabras?

Miguel: todo nace ahí. Al principio nos encargan trabajar en el archivo fílmico y fotográfico de Cuscoy. Pero nos negamos a monografiar al arqueólogo. Queríamos interpretarlo para crear nuestro relato. Finalmente accedimos.

Silvia: no sólo hay que construir la imagen, sino deconstruirla tal y como nos ha llegado. La imagen tiene el poder de transmitir lo que fue y nosotros de cuestionarlo. Así quisimos entender este archivo.

Esta obra ya ha sido premiada por unanimidad del jurado con el Premio Ciudad de Lisboa al mejor largometraje en el Festival Internacional de Cine Indie Lisboa y, sin haber sido estrenada aquí, ya se perfila como pieza de corte para el ámbito documentalista canario. De alguna forma, haber investigado y reconstruido la historia posiciona a De los nombres de las cabras dentro de la historia. Buscando en la historia, la hacen. ¿Cuál es vuestra historia? ¿Existe para ustedes un hilo de influencias autoriales y estilísticas?

Silvia: esta película nos ha dolido. Miguel y yo tenemos referencias muy distintas. Aunque compartimos numerosas afinidades cada uno se ha movido por campos estilísticos diferenciados como, por ejemplo, el cine de ficción en el caso de Miguel y el ensayo fílmico y la fotografía en mi caso.

Miguel: procedemos de mundos artísticos diferentes, sí.

Silvia: nos han preguntado alguna vez por las referencias. Desde la oralidad de un pastor hasta la poesía o el ensayo histórico hemos llegado a la imagen. Es muy complejo definir qué ha sido influencia y qué no. Esta película la hemos construido entre tres personas, Ivó Vinuesa, Miguel y yo. Cada cual llevaba su mochila y, claro, ha aportado su peso específico dentro de su labor.

 

 



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